Me gusta la comunicación. Me parece una materia fascinante y compleja. Pienso que nací para dedicarme a ello. De pequeño en el colegio, me pasaba los recreos narrando etapas inventadas del Giro de Italia con un palo de chupa-chups que hacía las veces de micrófono y en las que siempre ganaba Giussepe Saroni. Tal vez debía haber estudiado periodismo (aunque Lover siempre me diga que no), pero me decidí por ser ingeniero de minas. El caso es que a última hora le hice un regate a la profesión y retome aquella pasión de la infancia por asuntos comunicativos. Esto me llevo hasta una consultora de patrocinios deportivos, donde no lo pasé mal durante un tiempo. Pero me aburrí y quise animarme a buscar nuevos retos. Así fue como terminé en una agencia de publicidad. A priori, era una buena oportunidad para ampliar conocimientos en ese ámbito que separa la realidad de la percepción. Sin embargo, no tardé en darme cuenta de que el sector adolecía (y adolece) de fallos estructurales importantes. Y son precisamente estos fallos los que me impiden disfrutar de lo que a mí me gusta como es debido: María, el grupo de música, los blogs, el Liverpool…No fue ayer la primera vez que me tocaba hacer el paripé en la oficina a la hora en que jugaba el equipo. Tampoco creo que sea la última. Como por desgracia empiezo a ser un experto en el tema, renuncié a ver en directo el debut como titular de Aquilani (tan deseado por mí desde hace meses). Eso sí, a la reunión con el presidente de la compañía y uno de los directores generales para preparar un futuro debrief con un cliente (lo que en castellano se llama aclarar dudas pero que como suena poco marketiniano hay que decirlo en inglés) me metí con la minitele. Si no me dejaban ver al Liverpool, por lo menos vería al Barça. Y eso hice. Cuando llevábamos la mitad del documento revisado les anuncié que había marcado Messi el uno a dos. Imagino que casi al mismo tiempo Gilardino ponía el mismo resultado en Anfield (digo imagino porque yo le he visto anotar el segundo gol de la Fiorentina a primera hora de esta mañana). Supongo que algún día tendré un empleo en condiciones pero mientras tanto, me gustaría advertir a todo aquel que se esté planteando incorporarse al entorno publicitario que es, como dijo un amigo mío en una ocasión, la Segunda “B” de los trabajos.

