La noche antes de acudir al acto en el que a Benítez le nombraron Doctor Honoris Causa por la Universidad Miguel Hernández de Elche, estuve pensando qué le diría al míster si tenía ocasión de conversar un rato con él. Al final no se dió el caso pero estaba decidido a solicitarle unas prácticas en Melwood de tres o cuatro días (además de preguntarle que de dónde saca tiempo para arreglarse la perilla). La idea era poder ver entrenar al equipo y también, por qué no decirlo, disfrutar de un rollo exclusivo al que muy pocos tienen acceso. Y es que la privacidad de las instalaciones se guarda celosamente en el Liverpool y como no hay ningún jugador que te venda unas entradas (al contrario de lo que hace John Terry que te deja pasar a las del Chelsea a cambio de unas once mil libras), conocer el día a día de los chavales se convierte en una actividad tan reservada como cenar con Obama en la Casa Blanca. O al menos eso creía.Resulta que una tal Joanne ha subido unas fotos a una conocida red social en las que sale de visita por nuestra ciudad deportiva y a mí esto, ciertamente, me ha cambiado por completo los esquemas. No sólo porque se me ha caído el mito de que Melwood es algo así como la Fortaleza de la Soledad de Superman sino también, porque me he dado cuenta de que lo de ir allí para aprender sobre cómo se organiza una sesión preparatoria es una chorrada cuando se puede jugar un buen partido de ping-pong. Y es que eso es justo lo que hicieron Joanne y sus amigos (aparte de inmortalizarse con media plantilla). Darle al tenis de mesa como se puede ver en la imagen que adjunto al final de esta entrada (la de inicio también es de ella). Total, que si alguna vez me encuentro en la tesitura de pedirle algo a Rafa, tengo claro que tendrá que ver menos con el fútbol y más con este deporte de raqueta. Dado como soy a evitar los convencionalismos, conseguir hacer un set en este emplazamiento me parece una genialidad. Marketing lateral en estado puro.



